Tratamiento para el trastorno del espectro autista – TEA

Tratamiento neurorehabilitador para el Trastorno del espectro autista (TEA)

En INA memory Center somos pioneros y especialistas en el tratamiento de TEA combinado intervención sensorial, cognitiva, y psicológica en el paciente así como el acompañamiento con la familia y el entorno.

El trastorno del espectro autista (TEA) es un conjunto de condiciones heterogéneas del neurodesarrollo, caracterizadas por dificultades de aparición temprana en las relaciones sociales, comunicación y comportamiento e intereses inusualmente restringidos y repetitivos. La prevalencia en la población mundial es alrededor del 1%. El autismo afecta a más hombres que mujeres, y la comorbilidad es común.

La genética tiene un papel clave en la etiología del autismo, en conjunción con factores ambientales tempranos en el desarrollo. (Lai, Lombardo y Baron-Cohen, 2014).

En el 2013, el manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (DSM-5) incorpora las alteraciones en el procesamiento de la integración sensorial como criterio del espectro autista. Reflejadas en hiper o hiporreactividad sensorial o en un interés inusual por aspectos sensoriales del entorno, por ejemplo, indiferencia aparente al dolor o a la temperatura, respuesta adversa a sonidos o texturas específicas, oler o tocar objetos en exceso y fascinación por las luces u objetos que giran, entre otros (DSM-5, 2014).

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TEA: tres niveles de gravedad

El DSM-5 establece tres niveles de gravedad dentro del espectro del autismo:

En el grado tres hay una necesidad de ayuda muy notable. La comunicación social es mínima, la persona usa pocas palabras inteligibles, raramente inicia una interacción y únicamente responde a las aproximaciones sociales muy directas. Además, la inflexibilidad del comportamiento interfiere notablemente en el funcionamiento en todos los ámbitos.

En el grado dos la necesidad de ayuda es notable, así como las dificultades en la comunicación social. La persona puede emitir frases sencillas, cuya interacción se limita a intereses especiales muy concretos y presenta una comunicación no verbal muy excéntrica. Suelen aparecer conductas repetitivas.

En el grado uno las dificultades suelen ser más leves a la hora de establecer y responder a las relaciones sociales. La persona es capaz de hablar con frases completas y establecer la comunicación. Su comportamiento puede parecer excéntrico y puede presentar dificultades en conversaciones amplias o en los intentos de hacer amigos. Se suele llevar una vida autónoma, pudiendo requerir apoyos puntuales.

El diagnóstico del trastorno del espectro autista

A pesar de ser muy deseable y necesaria la detección temprana, en la práctica resulta sumamente difícil, y a muy pocos niños con sospecha de TEA se les deriva a servicios especializados antes de los 3 años de edad (Hernández et al., 2005).

Los comportamientos más comunes explorados son: señalamiento protodeclarativo, atención conjunta, movimientos repetitivos/estereotipados y ausencia del juego simbólico característico. Este comportamiento objetivo se puede explorar a través de diversas escalas de calificación y entrevistas.
Es común la coexistencia con otros problemas psiquiátricos como el déficit de atención, la depresión, la ansiedad, hipomanía, tics y el trastorno obsesivo compulsivo. Por este motivo es recomendable que los niños sean evaluados con instrumentos de amplia exploración que permitan identificar estos problemas.
Los instrumentos son muy diversos y de forma variada. Existen escalas de calificación para que los padres registren los síntomas de sus hijos y programas de observación que debe completar un médico o un profesional capacitado para tal fin. El mejor enfoque es combinar modalidades para incluir la mayor cantidad de información posible (Albores-Gallo et al, 2007).

En relación con los aspectos sensoriales, Heflin y Fiorino (2007) señalan que es importante identificar los estímulos olfatorios, visuales, táctiles y auditivos que pueden ser distractores, incluso ofensivos, para las personas que forman parte del espectro autista.
Se llega a un diagnóstico una vez se integra y se valora toda la información recogida durante el proceso de evaluación.

El tratamiento del trastorno del espectro autista (TEA)

El tipo de intervenciones utilizadas cambia a lo largo de la vida. Estas incluyen intervenciones mediadas por los padres y/o intervenciones realizadas por terapeutas en la infancia, y estrategias y técnicas basadas en la escuela para promover la independencia en la edad adulta. Las terapias farmacológicas se pueden utilizar para tratar algunos de los síntomas asociados del autismo, como irritabilidad, y comorbilidades, como como ansiedad (Lord et al 2020).

Como menciona Arosteguí Arias (2019), la psicoeducación con los padres puede resultar útil no solo para reducir el estrés que puede causar la presencia de un trastorno del desarrollo sino también para que puedan responder a las necesidades de sus hijos de manera óptima.

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Autores como Cortés, Del Portillo y Mejía (2019) y Soloviova et al (2020) mencionan que la intervención neuropsicológica es relevante a la hora de trabajar la cognición social y en casos en los que haya funciones cognitivas afectadas (como las funciones ejecutivas, el lenguaje o la motricidad).

Trabajar la integración sensorial también es fundamental. Para Green y Ben-Sasson (2010) la ansiedad y la sobrerrespuesta sensorial son muy comunes en los niños con TEA y hay evidencia de un vínculo entre ambas condiciones.
Autores como García-Alonso (2021) destacan los buenos resultados de diseñar una intervención sensorial mediante un espacio adaptado donde poder experimentar con colores, luces, sonidos, movimientos…

En INA memory Center somos pioneros y especialistas en el tratamiento de TEA combinado intervención sensorial, cognitiva, y psicológica en el paciente así como el acompañamiento con la familia y el entorno.

La similitud sintomatológica de esta población con pacientes long haulers hace plantear la posibilidad de que este tipo de lesiones también estén presentes en la etiología de sus síntomas (Brown et al., 2015; Semmler et al., 2013).

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